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Manuel Gutiérrez Nájera 12c,

Centro

76020

Santiago de Querétaro, Qro., México

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Recrear es una alternativa de consumo responsable y accesible de productos mexicanos.

Alfredo morales

TÉCNICA: ALFARERÍA

MATERIAL: BARRO

Toda su familia se dedica ala alfarería, desde sus abuelos hasta sus hermanos y algunos sobrinos.

Alfredo tiene dos hijos, una niña de 11 años y un niño de 3 años. Nos cuenta que al igual que él, sus hijos, comienzan a ayudarlo en pequeñas cosas en el taller. A su hija lo que más le gusta es ayudar a la decoración de las piezas,  nos cuenta Alfredo: “ella lo ve como un juego, y le gusta”. Trabajar en un taller familiar le permite a Alfredo enseñarle a sus hijos el oficio de la alfarería; así como su padre le enseñó a él cuando era niño.

Los abuelos de Alfredo sólo elaboraban ollas grandes de color rojo, pero con el paso del tiempo la familia ha incorporado nuevas figuras. Se han adaptado a las necesidades del mercado y de la producción actual y hoy en día también comercializan alcancías en forma de puerquitos, cántaros, jarros y vasos.

El taller de la familia Morales se encuentra abierto todos los días del año desde las siete de la mañana hasta las seis de la tarde en las afueras de San Ildefonso, Amealco en el estado de Querétaro. Una de las dificultades que enfrentan, similar en otros oficios artesanales en México, es la poca remuneración que reciben por su trabajo. Gran parte de sus ventas son a distribuidores mayoristas que compran los productos de Alfredo a precios muy bajos para después venderlos más caros en otros lugares. El ingreso que reciben Alfredo y su familia, no equivale al trabajo que se necesita para hacer cada una de las piezas.

Los artículos de barro requieren días de elaboración; la preparación de la mezcla lleva varios pasos: el barro se hace polvo, se mezcla y antes de hornearse se debe dejar asentar por cuatro o cinco días. Después, las piezas se quedan dentro del horno por más de un día,  y posteriormente se decoran. Este largo proceso no suele reconocerse a la hora del pago, y dificulta la estabilidad del taller. En ocasiones, Alfredo no tiene el ingreso suficiente para comprar la leña para el horno y mantener su producción.

La laboriosa producción alfarera implica un trabajo de tiempo completo en el taller. Salir a vender los productos requiere más disponibilidad de tiempo y recursos. Alfredo recuerda una ocasión en la que acompañó a su hermano a vender productos a Saltillo, pero no vendieron ninguna pieza. Para artesanos como Alfredo y su familia, es difícil vender fuera de su taller debido a esta vulnerabilidad entre la inversión en el viaje, la falta de producción -por salir del taller- y el bajo (o nulo) ingreso por las ventas. Debido a estas limitantes, y otras dificultades que se encuentran en el camino, los talleres familiares recurren a los intermediarios que revenden sus productos; a pesar de recibir pagos muy bajos por su labor.

Alfredo nos cuenta que lo que le motiva son las ganas de seguir adelante; de continuar con un oficio que disfruta y que forma parte del conocimiento familiar. En su colaboración con Recrear, espera ampliar su distribución sin tener que sacrificar la producción en el taller, o sin tener que invertir mucho dinero y tiempo para viajar. En Recrear trabajamos para que productores como Alfredo puedan tener una remuneración justa de acuerdo a sus espacios, tiempos y recursos de producción.  

Alfredo es originario de San Ildefonso, Amealco, Querétaro. Se dedica al oficio de alfarería desde que tenía 11 años. Aprendió a manejar el barro con su papá, en el taller donde continúa trabajando. Recuerda que por las tardes al salir de la primaria, se dirigía al taller y le ayudaba a su papá.