#cómolouso: cestas utilitarias

Texto: José Angel Araujo Fotos: Luis Felipe Rojas de Tabula Rasa

La cestería es uno de las artes más antiguas de la humanidad. Inicialmente se tejían en fibras de origen vegetal como el mimbre o el junco, pero hoy es más común encontrar canastas hechas con materiales sintéticos. El material y las formas han cambiado, pero no su producción, que es de las pocas artes que no se ha industrializado.

La práctica de la cestería tiene registros que datan del antiguo Egipto, en los que se utilizaba como contenedores pero también eran usados como moldes en la alfarería. Se dice que fue una invención de Minerva, la diosa de la sabiduría, las artes y estrategia militar en la mitología romana, por cierto que también es considerada como la patrona de los artesanos.

Hoy los canastos o cestos, tienen diversos fines porque no solo son útiles, también son bonitos. Matías y Ponchito trabajan el tejido en fibra plástica en Santa Catarina Puebla y son creadores de las piezas que hoy protagonizan esta entrada. Ayudan a organizar y a guardar de todo, pero a veces puede tener usos para las actividades cotidianas y servir fuera del contexto para el que los tenemos reservados. Hoy te compartiré cómo los uso en casa, quizá puedas encontrar algunas propuestas divertidas y compartirlos con nosotros.

Para escurrir

Nunca me han gustado las coladeras redondas porque es difícil guardarlas. El horno de mi estufa, como probablemente de la tuya, está lleno de trastes, pero los coladores nunca se acomodan por su forma redonda, por eso, los canastos tienen una doble función al escurrir y contener la verdura en el refrigerador. El mismo en el que puedes lavar y enjugar tus alimentos, también te sirve para escurrirlos y llevarlos al refrigerador. No te estorbará y tendrás un mejor aprovechamiento del espacio.

Enjuaga, seca y guarda tus frutas y verduras

Para el baño

En el baño uno de estos canastos tiene toallas, cremas, papel higiénico y otros productos del baño. No solemos poner mucha atención a este espacio en casa, así que acomodando esto dentro del canasto tendrás una mejor apariencia del sanitario. También lo puedes usar dentro de la regadera. Yo no soy fan de los clásicos artilugios que cuelgan de la regadera, así también puedes hacer el tuyo con un canasto y un cordón. Puedes poner el shampoo y las esponjas de baño dentro, pueden mojarse y el agua se escurre perfectamente.

Acomòdala en el lugar que te sea mas ùtil

Para archivar

El escritorio es un desastre cuando empiezan a acumularse cosas, y son papeles que debo tener a la mano porque eventualmente dejarán de servir y los puedo reciclar, pero en lo que les llega el momento debo tenerlos a la vista. Puedes hacer un archivero muy fácil con un cordón de algodón y lo puedes dividir en las partes que necesites. Además, puedes ajustar el largo del cordón para hacer el espacio más angosto si necesitas archivar cosas más pequeñas, como sobres. Déjalo expuesto como el mío, que tengo sobre el escritorio, o puedes meterlo en un librero o dentro del armario. Con un poco de creatividad puedes colgar unas etiquetas por fuera de cada segmento que hagas y escribir qué es lo que cada espacio contiene, ¡adiós al desorden!

Encuentra fácilmente tus cosas con las divisiones

Para separar la basura orgánica

Cuando cocino, siempre separo la basura orgánica. Solía juntarla en una cubeta de aluminio, pero siempre se hacían mosquitos, entonces comencé a guardarlo dentro del refrigerador, porque hasta que la cubetita no se llena, la entierro en el jardín. Me evité los mosquitos, pero no es agradable que suelte todos los líquidos de descomposición, así que el canasto permite que escurra (lo pongo sobre un plato) y es más fácil juntar hasta por cuatro semanas antes de llevarlo a la composta en el jardín. Puedes cubrirlo con un trapo de cocina para refrigerarlo o llevarlo fuera inmediatamente después de cocinar.

Para hacer queso

Estaba a punto de comprar un molde para preparar un queso canasto de almendra cuando me encontré la pieza más pequeña de la colección. Es una receta doble muy sencilla y te va a encantar. Puedes ajustar la cantidad de ingredientes para obtener tanto queso (y leche) de almendras como quieras. Yo usé una taza de almendras, 600 ml de agua canela, vainilla y un poco de miel. Deja las almendras en agua, suficiente para que las cubra, durante uno o dos días; tápalas con un paño y guarda el recipiente dentro del refrigerador. Después de este tiempo, escurre las almendras con la ayuda de tu canasto (no es necesario que conserves el agua en las que estuvieron) y enjuágalas en el chorro del agua. Lleva a la licuadora con los 600 ml de agua y tritura durante un par de minutos. Dependerá de la potencia de tu licuadora pero deben desbaratarse lo más que se pueda.

Utiliza una manta de cielo para colar y separar el líquido de la pasta de almendras. Exprime todo el líquido con tus manos y una vez que tengas todo el líquido por separado, puedes agregar los ingredientes que sugiero y poner más agua si así lo deseas. Ahora ya podemos empezar la preparación del queso con la almedra triturada, que por cierto se llama okara. Con esa también puedes hacer galletas o añadirlo a tu cereal.

La okara mézclala con una cucharadita de levadura de cerveza, una cucharadita de grenetina (o agar-agar para hacer un queso vegano 100%) sal y pimienta al gusto. Agrega 100 ml de leche o agua, tu eliges si quieres usar la de almendra recién preparada o cualquier otra leche vegetal o animal. Tritura por un par de minutos para tratar de eliminar la mayoría de los grumos. Si usas agar-agar necesitas llevarlo al fuego unos minutos, con la grenetina no es necesario.

Coloca un poco de la manta del cielo dentro del canasto, para que no se escape l preparación por las ranuras. Vierte la mezcla y llévalo al refrigerador por unas horas. Te encantará, la textura es suave y su sabor es delicioso. Prueba agregar algunas hierbas aromáticas y disminuir o aumentar la grenetina para obtener mayor suavidad o firmeza en el queso, ¡delicioso y nutritivo!

José Ángel escribe de salud y bienestar para medios impresos y digitales. Maratonista y guía de corredores con debilidad visual. Apasionado de la comida mexicana, por sus técnicas e ingredientes que lo atraparon desde pequeño, cuando aprendió a hacer salsa de molcajete y tortillas. Es padre de cuatro perros y tres gatos (por ahora) y fundador de Tabula Rasa , un proyecto que reúne alrededor de la mesa a todo aquel que quiera partir el pan y olvidarse de los prejuicios, con la disponibilidad (y valor) de compartir la mesa y su experiencia con extraños. Encuéntralo en el Centro de Tlalpan, al sur de la CDMX

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