#problemáticas: Alimentos en Contra de la Biodiversidad

Por Daniela de @quebonitoplaneta

Seguro que has escuchado los beneficios ambientales de consumir local: menos emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero, disminución de químicos empleados en procesos como la maduración artificial, alimentos más frescos… Pero probablemente no habías pensado en procurar lo «local» más allá de la producción.

¿A qué me refiero? Sí, es muy bueno optar por productores locales; pero es mejor, además, elegir alimentos locales, es decir autóctonos de nuestra zona. Particularmente hoy en día, la preferencia del consumidor privilegia el cultivo y preservación de ciertas especies y claro, perjudica a otras.

Por ejemplo, ¿sabías que en México, los cambios en la alimentación han puesto al garambullo en peligro de desaparecer?, pues aunque se da de manera silvestre y no necesita ser cultivado, cada vez son menos las zonas en que pervive por ceder territorio para el cultivo de otras especies preferidas por el consumidor.

De hecho, un 39 % de la extinción de especies desde el año 1600 se ha atribuido a la introducción de especies exóticas; y aunque claro, no todo se debe a la alimentación, esta sí es una de las grandes demandantes.

Como excusa podríamos culpar a los comercios por excluir a especies como los garambullos de los estantes, y de hecho no estaríamos del todo equivocados. Por ejemplo, se dice que los quelites empezaron a ausentarse de la dieta del mexicano con la llegada de los supermercados, los cuales definen lo que consumimos en función de precios internacionales, y no es que los quelites sean muy caros, pero tampoco se consideraron dignos de inversión por su falta de atractivo y fue así como poco a poco los compradores fueron olvidándolos.

Los cambios y elecciones que hacemos en nuestra alimentación tienen efectos gigantescos en ámbitos tan importantes como el medio ambiente; simplemente, el aumento de consumo de carne en detrimento de las legumbres a nivel mundial es culpable en gran medida de fenómenos como el cambio climático y la escasez de agua.

No hace mucho, la dieta del mexicano ─que se basaba en alimentos como el maíz, los frijoles y el chile y que incluía otros como el amaranto y el alga spirulina─ no requería de tanta carne porque cubría sus necesidades nutricionales con muy poca.

Por otro lado, hoy en día el plátano, la naranja y el limón son las frutas más consumidas por el mexicano y ninguna de ellas es natural de nuestra tierra, aunque aquí se cultiven con éxito en la actualidad. No obstante, estas y otras frutas como el melón, la sandía, el durazno y un largo «etc.» son más abundantes en nuestros mercados a comparación de, por ejemplo, el guamúchil, la guanábana o el zapote, que sí son naturales de nuestro país.

Otro ejemplo interesante pueden ser los superalimentos que se han puesto tan de moda, como lo son el aguacate o la quinoa, y que dada su demanda en lugares de los que no son originarios, se generan problemáticas graves: los bosques de estados como Chiapas están sufriendo un alto índice de deforestación por la demanda en el cultivo de aguacate, con toda la pérdida de biodiversidad que eso implica; la quinoa ha adquirido un precio tan elevado a nivel internacional que los consumidores de los países de origen, para quiénes era clave en su alimentación, ya no pueden permitírsela en la misma medida e incluso se están explorando posibilidades de cultivarla en otros países como Estados Unidos de manera transgénica, lo cual, por supuesto, es una amenaza.

Como ves, la sobredemanda de productos de naturaleza extranjera produce estragos tanto en el país de origen, como en aquellos que lo piden en el exterior y podemos decir que se trata de un asunto de biodiversidad: favorecer a unas especies en detrimento de otras altera el equilibrio de los ecosistemas y los daños son muy grandes. Las plantas originarias de cada lugar lo habitan y se dan naturalmente porque se encuentran en su medio, no necesitan cuidados adicionales a los que el ecosistema mismo les proporciona y no sobreexplotan el terreno, pues están hechas para coexistir con las demás especies animales y vegetales también nativas (que se ven afectadas con la alteración de su medio) y con los recursos disponibles. Por ejemplo, se podría mantener vivo un mango en el semidesierto porque este árbol adora el calor, pero se requerirían cantidades anormales de agua a comparación de, por ejemplo, un nopal.

Por fortuna, hay mucho que podemos hacer desde nuestra cocina: si poco a poco vamos recuperando elementos culinarios originales del lugar que habitamos, ayudaremos a preservar especies y ecosistemas enteros, siempre y cuando lo hagamos de forma balanceada.

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