#problemáticas: Formas Productivas II

La industria de la moda es el ejemplo que ilustra de mejor manera los cambios en los patrones de producción y consumo, de forma particular a través del fenómeno denominado fast fashion. Actualmente, la producción de bienes determina la demanda y no de forma inversa, como solía ser. Si prestamos atención a las vitrinas de tiendas como H&M, Bershka o Forever 21, con sucursales en todo el mundo, podemos apreciar que cada semana se incorporan piezas a sus anaqueles, o sea que cada año se lanzan 52 colecciones nuevas. Producir una cantidad de prendas a tal escala tiene implicaciones sobre el medio ambiente y en las vidas de los millones de personas que trabajan en su fabricación.

El esquema productivo del fast fashion en todas sus etapas tiene un impacto negativo en el medio ambiente, comenzando por el uso de fertilizantes y organismos genéticamente modificados en el cultivo de fibras naturales, pasando por la contaminación de cuerpos de agua en el proceso de lavado y teñido de telas, hasta la difícil degradación de las prendas desechadas. Sin embargo, las consecuencias adversas del fast fashion no se detienen limitan a un impacto ambiental.

En todo el mundo, millones de personas se dedican a maquilar prendas para grandes compañías que buscan obtener las mayores ganancias posibles. No es fortuito que gran parte de la ropa provenga de países como India, Bangladesh o México, que han modificado su legislación doméstica y política económica con el fin de garantizar lucrativos ingresos para las multinacionales, que en muchos casos están exentas de obligaciones fiscales.

Las condiciones de vida de las personas que laboran en talleres de maquila se han pauperizado con el fin de mantener los costos de producción lo más bajos posibles. Se trata de lugares sin las medidas de seguridad más básicas, poca o nula ventilación, escasa iluminación, además de jornadas laborales extenuantes y mal pagadas. Al tratarse de compañías británicas, suecas, españolas o estadounidenses, no tienen ningún tipo de obligación jurídica con las personas en el Sur Global que maquilan para ellos.

La problemática del trabajo deslocalizado también puede tratarse desde la perspectiva de género. La mayoría de las personas que trabajan en los talleres de maquila son mujeres, y debido a que su salario es considerado complementario al ingreso familiar, ganan muy poco por trabajar jornadas de hasta 12 o 14 horas. El trabajo en los talleres tiene efectos negativos en su salud, problemática que se agrava si tomamos en cuenta que se trata de empleos que no proporcionan las prestaciones más básicas.

El 24 de abril de 2013 un edificio conocido como Rana Plaza, ubicado en el Distrito de Savar, en Dacca, la capital de Bangladesh se derrumbó. El incidente dejó más de mil muertos y casi el doble de heridos, la mayoría mujeres que trabajaban en talleres de maquila al interior del complejo. El derrumbe de Rana Plaza, una tragedia que pudo haberse evitado, no se trata de un incidente aislado, es una constante en distintas geografías en las que los derechos de lxs trabajadorxs pasan a segundo plano con respecto a los privilegios concedidos a las grandes corporaciones.

La tragedia de Rana Plaza y las protestas que surgieron posteriormente le dieron visibilidad a la condición de lxs trabajadorxs de la industria textil en el Sur Global, posicionando al centro del debate público la problemática en torno a las condiciones de trabajo y los derechos laborales, además de las implicaciones éticas de los patrones de consumo de las sociedades, en su mayoría, del Norte Global.

A pesar de que el comercio justo no se trata de algo nuevo, comenzó a adquirir relevancia al presentarse como una alternativa al consumo de fast fashion. Tendemos a pensar el comercio justo como algo accesible únicamente para un pequeño sector de la población con el suficiente poder adquisitivo. Asumimos que los productos de comercio justo son más caros, sin embargo, no siempre es así. En #recrear buscamos que los precios sean accesibles y además, regresar una parte significativa a lxs pequeñxs y medianxs productorxs.

La importancia del comercio justo radica en que aumenta la capacidad de agencia de lxs artesanxs al promover el empleo autónomo y autogestivo ejerciendo un oficio en el que se han desempeñado por años y que está lleno de memoria al anclarse en una sólida tradición familiar. Creemos en la idea de hacer lo que más te gusta como parte de una noción integral de desarrollo. Consumir productos de comercio justo no es una tendencia, es un acto de solidaridad y por lo tanto de rebeldía contra un sistema basado en el individualismo. Pensamos que los cambios en la estructura comienzan cuando buscamos nuevas formas de producir y consumir.

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Recrear es una alternativa de consumo responsable y accesible de productos mexicanos.