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#problemáticas: H&M y la nueva feminidad 

Por Rosa:

El anuncio de la nueva colección de H&M no deja de dar vueltas en nuestras cabezas. Por un momento podríamos pensar que emplear modelos sin axilas depiladas o con una talla mayor a cero, es muestra de un cambio social, en la que la mujer es aceptada tal cual es. ¿Pero podemos hablar de cambio e igualdad social desde la industria de la moda rápida? ¿O se trata de un recurso mercadológico que lucra con discursos y representaciones de movimientos sociales? ¿Acaso la mujer es”feminista” y “liberada” por el estilo de ropa que usa y compra? En este momento histórico en el que feminismo es tendencia (como prendas que se usan, se compran, se venden) todos los frentes lo explotan para amoldarse al capital y ensancharlo. Un feminismo privilegiado que enmáscara la máquina de explotaciones, discriminaciones y muerte que es el sistema en el que vivimos.

En la nueva campaña publicitaria de H&M, nos muestran un mundo de posibilidades para redefinir lo que es ser una “dama”, rodeado en la mayoría de las escenas, por glamour y consumo. En este anuncio, la resignificacion de ser una “dama” se centra en comportamientos concretos que nacen de un imaginario occidental de lo que significa romper estereotipos. Una mujer que no está en los huesos, otra con pelos en la axila y comiendo papas a la francesa, una más limpiándose los dientes en un restaurante. Nos muestran estas imágenes poniendo a la mujer como liberada, y queriendo representar diversidad. Sin embargo, no hay una crítica profunda, sólo más representaciones de formas de vida que no corresponden a la gran mayoría de mujeres y que alcanzarlas tiene un coste. En este anuncio no aparecen las condiciones que sostienen esas escenas de glamour y libertad. Mujeres y pueblos alrededor del mundo que con el despojo y la explotación sostienen las posiciones de privilegio de unxs cuantxs (que más tarde comprarán las prendas de H&M). H&M quiere mostrar su publicidad como revolucionaria, pero lo más preocupante es que este discurso “feminista” surge de una compañía que explota a las mujeres que hacen los productos que intentan vender con este anuncio.


Los produtos de H&M que aquí se publicitan para que las mujeres de hoy podamos consumir con total libertad, vienen de manos y cuerpos explotados. En su mayoría mujeres, mujeres pobres, racializadas. Personas que trabajan en fábicas bajo condiciones humillantes, sin posibilidad de tomar agua potable, bajo un calor difícil de soportar mientras los ventiladores permanecen apagados: trabajos manuales repetitivos que desgastan los cuerpos y entumen las mentes. Además, se les pagan sueldos que alcanzan apenas para sobrevivir. Las horas extras son rutinarias, por lo que las jornadas suelen ser de por lo menos 12 horas. Al igual que muchas empresas de moda rápida, H&M despide a mujeres por estar embarazadas y hace contratos de uno a tres meses para continuar manteniendo las peores condiciones laborales que sean posibles, así su ropa barata puede seguir enriqueciendo unos pocos bolsillos. Estas mujeres de las que estamos hablando no son blancas ni occidentales. No viven en Suecia, Francia o Estados Unidos. Son en su mayoría de Camboya y Bangladesh.

June 21, 2014 – Phnom Penh, Cambodia. Iberasia factory. © Nicolas Axelrod / Ruom


Las fábricas en estos territorios son una enorme muestra del neo-colonialismo reinante, se lleva la explotación a territorios que son antiguas colonias y las riquezas repercuten en occidente. Se aprovechan de circunstancias que los países beneficiados ayudaron a crear. La empresa de la que estamos hablando es sueca y creemos importante situarnos en estas relaciones. Suecia es el decimo octavo país más rico del mundo según el FMI. Camboya y Bangladesh batallan entre conflicto, pobreza y muerte. Las relaciones entre estos países no es reciente. No es la primera vez que Suecia entra en territorio camboyano, hace unos 40 años llegó en un esfuerzo de conveniencia absoluta para encubrir el genocidio camboyano además de que el Estado de este país ayudó a financiarlo. La historia de estos países explotados está atravesada por intervenciones del Banco Mundial, Suecia, Francia, Inglaterra y Estados Unidos; todos estos países enriqueciéndose mientras las condiciones de conflicto crecían en Camboya y Bangladesh. Ahora las intervenciones son más discretas, las formas han cambiado pero el fondo permanece el mismo. Hoy son textileras las que continúan con el despojo y expolio, la explotación y el robo. Las diseñadoras de H&M, muchas famosas, son remuneradas en cuantiosas cantidades y valoradas en extremo. Sus trabajadoras textiles, muchas y en extremo mal pagadas no son valoradas sino invisibilizadas. La heredera de Erling Persson (fundador de H&M), Lottie Tham, tiene una fortuna estimada en 3.6 billones de dólares y es sólo dueña del 5% de H&M. Las mujeres que hacen el trabajo del que ella se enriquece no ascendía a más de 80 dólares al mes en el 2014. El trabajo casi esclavo de las mujeres de Bangladesh y Camboya recorre miles de kilómetros de distancia para llenar las arcas de esta mujer sueca y posicionarla entre las 500 mujeres más poderosas del mundo.

Foto de mujeres camboyanas de la industria textil (cc.Asian Floor Wage Alliance)


Estas contradicciones resaltan y rechinan a lo largo de la publicidad de su colección 2016. Un anuncio feminista emitido por una compañía que explota a miles de mujeres es realmente perverso. Es vergonzosa la utilización de un discurso crítico que aboga por la igualdad social, por parte de una empresa que tiene todo el interés en mantener este sistema de desigualdades coloniales y patriarcales, y que con sus prácticas lo reafirman día a día. Que quede bien claro que esto no es feminismo, este discurso manejado por H&M donde no se entiende la interseccionalidad y la complejidad, es sólo pantalla y triste manipulación. La lucha social se vuelve estéril, y una mercancía.

Nos quieren caminando sonrientes con nuestra prenda económica de H&M, siendo mujeres libres de poder transitar sin estereotipos por el mundo, con nuestra ceguera bien puesta, nuestra indiferencia forjada bajo el nombre de un feminismo que sólo nos adorna de revolucionarias mientras allá al otro lado del mundo millones y miles de mujeres continúan siendo explotadas. Los problemas sociales no pueden resolverse desde lógicas de consumo. Comprar a grandes empresas que sobreexplotan gente y recursos naturales, no resuelve la desigualdad que generan. Busquemos otras formas de construir nuestras feminidades y masculinidades; luchemos por un mundo más justo a partir de nuevas formas de producción, consumo, y de relacionarnos con los otros. No dejemos la lucha en campañas publicitarias.

Más información:

The Women Who Make H&M’s Clothes Are Fired For Getting Pregnant

Human Rights Watch Report of Labor Rights Abuses in Cambodia’s Garment Industry

Asia Floor Wage Alliance