#problemáticas: La Cerámica de Querétaro y de cómo hacemos Arqueología

Por Crisna Donají Sánchez Ramírez

En estudios arqueológicos, desmenuzamos la comprensión de las piezas cerámicas por medio de diversos atributos: desde los más minúsculos y microscópicos como la composición de sus pastas, hasta la forma de los objetos; su uso y función, pasando por las técnicas de elaboración, cocción y decoración, hasta llegar a análisis iconográficos. Todo lo anterior, para tratar de responder –y preguntar más- sobre los grupos humanos que realizaron y usaron estos objetos.

Pensar la cerámica de la Región de Querétaro es pensar en muchísimas posibilidades, y quizá huecos; hacia la Sierra Gorda, existen vestigios arqueológicos de la producción alfarera local que nos hablan sobre la poca variabilidad en técnicas de decoración y manufactura en comparación con otras zonas del país. No obstante, también tenemos piezas con mayor diversidad decorativa y acabados de superficie hacia los Valles. Pero ¿Qué se produce hoy en día? recordemos que el barro, además de ser un elemento de fácil preservación, también es una materia prima con posibilidades infinitas.

Existen instancias públicas que colaboran con alfareros procedentes de los Municipios de Colón, Ezequiel Montes, Cadereyta, Amealco y Jalpan de Serra; en sus talleres, se produce de manera tradicional y algunos de los (ranciamente llamados) “apoyos” que el gobierno les ha otorgado son por ejemplo; la sustitución de hornos de leña por hornos de gas, así como la sustitución de “greta”[1] por otro tipo de esmaltes y barnices; también se ha buscado la compra de la materia prima o arcilla en los casos donde ésta es de muy difícil y riesgoso acceso.

Si bien, las instancias públicas tienen el deber de resguardar y promover el conocimiento de estas técnicas tradicionales, es tarea de los consumidores buscarles sitio en nuestra cotidianeidad y memoria. Además, no todos los objetos de barro son utilitarios en el más estricto sentido de la palabra, ejemplo de ello es el trabajo del ceramista Ángel Santos, cuya creatividad y devoción a su oficio le ha llevado a crear piezas de indudable valor artístico, además de haber fundado “Herencia Milenaria”, una Asociación Civil de Artesanos con la que se reitera que hay que hacer una mirada al artesano; “…por su riqueza, por su diversidad y por lo que cada uno de ellos representa; ése cúmulo de historias, ése extraordinario acervo que está ahí representado y es parte muy importante de nuestra identidad”.

A pesar de las casas de artesanos que existen, es difícil saber el nombre del taller, técnica y artesano que creó las piezas que hoy se mercan con etiquetas coquetonas de gobierno del estado. Si bien, las instancias públicas se jactan de no tener el papel de “intermediario” al momento de ofrecer piezas artesanales, carecen de una brújula crítica y sensible que desmenuce la importancia de las creaciones; la creciente demanda –impulsada por un turismo de consumo-ha desvanecido el valor de las técnicas que decenas de personas aprendieron luego de generaciones, interpretaciones, revalorizaciones y pobreza, ejemplo de ello es el creciente folclorismo entorno a las muñecas otomís que ha desembocado en mojigangas que “adornan” a manera de estandarte cualquier evento de carácter “tradicional”.

La cerámica no es un caso aislado, las instancias oficiales que ofrecen productos de esta materia prima-muchas veces con poco esmero-carecen de la sensibilidad para compartir con los compradores información referente a las técnicas decorativas y de producción que desarrollan los artesanos. Pese a que cuentan con bases de datos y demás registros, el comprador incauto se lleva a casa un “recuerdito” que no le dirá nada sobre la personalidad de la técnica cerámica en Querétaro, mucho menos le hablará sobre el taller donde se coció su objeto; nada le dirá sobre los pesares y ambiciones de sus creadores o sobre sus maestros y competencia, nada le dirá del paisaje, el aroma ni las manos de quien creó el peculiar objeto del cual se enamoró.

En este sentido, Recrear es una oportunidad para conocer las personalidades de quienes elaboran con dedicación, profesionalismo y perfección los objetos que en miles de años seguramente serán vestigios arqueológicos; es una plataforma que documenta los oficios y trabajos artesanales, cuya importancia impacta de manera directa en quienes estudiamos las sociedades humanas vivas y muertas, es una referencia obligada para poner rostro a los hacedores de magia, llámese textiles o cestería, llámese barro o cerámica. Porque la persona que hizo lo que uso tiene vida y nombre real, porque su trabajo merece reconocimiento económico y social.

[1] La “greta” es un barniz con alto contenido de plomo y que por mucho tiempo fue el pretexto perfecto para que se dejaran de consumir utensilios domésticos de barro.

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