#traducciones: el lado problemático de “reciclar” huipiles

Por Alonso

El artículo “The Downside of upcycling huipiles” fue escrito originalmente en inglés y publicado por Trama Textiles el 30 de septiembre del 2015. Fue traducido por el equipo de #recrear, puedes leer la versión original aquí.

¿Qué es un huipil? Es una blusa tejida tradicionalmente usada por mujeres mayas. Si has visitado Guatemala los habrás visto en todas partes. Un resultado tan hermoso requiere incontables horas de intrincado embellecimiento; cuando son reciclados y se les da un propósito distinto, se convierten en productos nuevos que han sido tendencia en los últimos años. En teoría es increíble porque, después de todo, reciclar  es algo que deberíamos de hacer ¿cierto? En efecto, es algo bueno cuando se trata de una tela sin usar, sin embargo, este no siempre es el caso.


Bolsas de huipiles reciclados en el mercado Chichicastenango. Foto de ‘Cos I like Making Stuff


Visité Chichicastenango hace un par de semanas para poder ver por mi cuenta lo que sucedía con los huipiles. Había de muchos precios, los más caros, de 1, 500 quetzales (195 dólares) y otros de 80 quetzales (10 dólares): el costo dependía de los detalles, la condición de la prenda y la negociación del intercambio. En Trama Textiles tenemos una colección de huipiles destinados a la venta. Probablemente tienen un precio más alto que los de los mercados en Chichicastenango. Sin embargo, nuestro objetivo principal es recibir un precio justo por los textiles producidos para poder pagar una cantidad correspondiente al trabajo de quienes los tejen. Comprar un textil a un precio más bajo para transformarlo en un nuevo producto  devalúa, de manera inevitable, el trabajo y el tiempo destinados a hacer cada pieza. El punto sobre el reciclaje no es que darle un nuevo uso al huipil sea malo per se porque evita que se compre uno nuevo, pero mientras el pago justo llegue a manos de los productores, es un medio sostenible de comercio. Abajo, compartimos un artículo escrito por Brenda Rosenbaum de Mayan Hands de 2014, que a pesar de que fue escrito hace tiempo, aborda un tema actual y preocupante que enfrentan hoy las tejedoras en Guatemala y vale la pena tomarlo en cuenta cuando compremos un huipil o una prenda intervenida.

¿Huipiles reciclados?

Brenda Rosenbaum, publicado originalmente en el boletín Weave a Real Peace

“Preferiría quemar mi huipil que venderlo así… al menos el calor vale más que los pocos quetzales que me darían por él.” (Catarina B.)

Hay muchas fuerzas que amenazan la supervivencia de la técnica maya de bordado con telar de cintura. Una práctica actual, particularmente perniciosa, es la de comprar huipiles (similares a blusas) por una cantidad de dinero muy pequeña para convertirlos en bolsos, zapatos, chaquetas, etcétera que después son vendidos a turistas en grandes mercados.


Durante los últimos 3500 años, el mundo ha admirado las prendas que las mujeres mayas han creado en los telares de cintura. Los huipiles representan el pináculo de la complejidad técnica y densidad simbólica de los telares. Los estudios de Walter Morris sobre los huipiles de los Altos de Chiapas afirman que existe una continuidad de símbolos antiguos. De hecho, dice que hay palabras ocultas en huipiles modernos: cuando una mujer usa su huipil, se posiciona como centro del mundo, por ejemplo, existe un patrón de figuras de diamantes que rodea el cuello y simboliza el universo. “Al usar un huipil”, dice Irma Otzoy, una antropóloga maya, “estamos diciendo, a nosotros mismos y a los demás ‘soy maya, somos mayas y seguiremos siendo mayas’”.

La creciente popularidad de productos hechos con huipiles ha favorecido el auge de nuevas y más intensas formas de explotación del trabajo de las mujeres mayas. Las mujeres mayas constituyen uno de los grupos más vulnerables de la sociedad guatemalteca con pocas oportunidades educativas y laborales. El bordado continúa siendo uno de los pocos medios de ingreso para ellas. Si las mujeres que se dedican a tejer pudieran vender a un precio justo los miles de huipiles apilados en los mercados de Guatemala, veríamos prosperidad en sus comunidades. En lugar de eso, vemos pobreza y desesperación: la voz de la gran parte de la sociedad que hace eco a través de los siglos, calificando su trabajo y talento, así como la cultura que los produce como indigno.


Foto de Mayan Hands


Trabajé con Linda Asturias y Lucía Jiménez, antropólogas guatemaltecas, entrevistando a mujeres de diferentes comunidades mayas para aprender más sobre su práctica. Aunque los huipiles de cada comunidad son diferentes, de acuerdo a la complejidad de sus diseños, técnica, tiempo invertido en el bordado; escuchamos una historia en común. Compradoras (porque son principalmente mujeres) de Chichicastenango, viajan a los pueblos y van de casa en casa presionando a las mujeres para que vendan sus huipiles. Casi siempre pagan 25 quetzales (3 dólares, aproximadamente) por un huipil en buenas condiciones, y en algunos casos pagan hasta 40 quetzales (5 dólares) por uno que consideren extraordinario. También compran blusas comerciales con bordados a mano por 5 quetzales (60 centavos de dólar) o incluso 1 quetzal (.13 centavos de dólar). Los precios “normales” por huipiles, en buenas condiciones (que pueden ser comprados por mujeres mayas) van de los 400 quetzales (50 dólares) a 1 500 quetzales (200 dólares). El tiempo que toma bordar un huipil cambia mucho, puede ir de las semanas a los meses (o incluso un año) dependiendo de su complejidad y de las horas que una mujer pueda dedicar al bordado.


Mujer vendiendo almohadas de huipiles reciclados en el mercado de Chichicastenango. Foto de Tus Casas Rurales


¿Por qué las mujeres venderían sus huipiles a cambio de una remuneración tan miserable? Lo hacen porque existen necesidades que las presionan: un hijo enfermo que necesita medicina, un pago de la escuela o simplemente poner comida sobre la mesa. Las mujeres mayas con otros medios de ingreso comentaron que ellas nunca venderían su huipil por ese precio. Muchas de las que venden sus huipiles nunca bordan o compran uno de nuevo, sólo blusas simples. Para añadir insulto a la lesión, con el fin de hacerlos atractivos para los compradores, los productos son envueltos en virtud y presentados como “reciclados”. ¡Qué distorisón tan enorme! Un producto reciclado es aquel que ha sido rescatado de la basura. En contraste, los huipiles comprados se encuentran en buenas condiciones y pueden ser usados por más años. Un huipil puede durar hasta 15 años si la mujer que lo usa tiene más de uno, si sólo tiene uno, dura de 5 a 7 años. Definitivamente no son “huipiles reciclados”, deberíamos llamarlos “huipiles malversados”.

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